LOS DONES DEL CICLO MENSTRUAL


por Patrcia Turner

 

"La sangre menstrual recuerda a las mujeres realmente lo que son, y el día que las mujeres amen sus reglas amarán verdaderamente su cuerpo y su alma”
Miranda Gray


EL ESTIGMA HISTÓRICO DE LA MENSTRUACIÓN

El ciclo femenino (sobre todo la menstruación como manifestación física) ha sido y sigue siendo objeto de tabú social desde tiempos remotos: la sangre, la capacidad reproductora, las múltiples energías asociadas a un proceso orgánicamente rítmico son recordatorios perennes:

-de lo misterioso y complejo de de la vida
-del asombroso poder creador que pulsa en el interior de cada mujer
-de la imposibilidad de dominar la vida y la Tierra.



Y todo esto no lo puede consentir la sociedad.

¿Pero siempre hemos sido repudiadas y consideradas cuerpos de segunda fila o alguna vez ha existido un Edén donde las mujeres han vivido en verdadera fusión con su naturaleza y con reconocimiento social?

Aunque hay discrepancias históricas al respecto y los oficialistas tachan estas teorías de románticas e ingenuas, muchos autores confirman la existencia de una lejana época dorada para las mujeres, para los hombres y para la naturaleza. Una época que puede regresar si se da un cambio de rumbo en nuestra caduca y torcida civilización.

Veámoslo:

Érase una vez las pacificas culturas MATRIARCALES de hace más de 5000 años en las que la conciencia imperante fue la femenina y el ciclo menstrual y el cuerpo de la mujer se consideraban sagrados. Eran sociedades sedentarias, organizadas, respetuosas y cuidadosas con el entorno y unidas a él y con unos valores de intuición, compasión, fusión y honrar a la Naturaleza.



Pero fueron conquistadas por la visión masculina agresiva, móvil, activa y guerrera y se estableció en el planeta un periodo de predominio patriarcal que aun perdura con valores de tecnología, guerra, destrucción ecológica y sometimiento y discriminación de la mujer y la Naturaleza.



Durante los últimos 5 milenios, la civilización occidental ha descansado sobre esta mitología del patriarcado. Y por supuesto nuestra visión del cuerpo femenino y el sistema médico también siguen leyes y creencias de orientación masculina. ¿Cuáles son?

1. LA ENFERMEDAD ES EL ENEMIGO: La medicina alopática no trata nuestro cuerpo como algo holístico y tendente a la salud sino como órganos y piezas independientes y zona de guerra con predilección por la cirugía y medicamentos. Hay un enfoque agresivo de la enfermedad. Lo natural y no tóxico se considera inferior a la artillería pesada de los fármacos y otras técnicas invasivas.

2. LA CIENCIA MÉDICA ES OMNIPOTENTE: Creemos que el sistema nos va a mantener sanos. Se nos ha inculcado el mito de los dioses médicos que saben más que nosotras sobre nuestro cuerpo y que ellos tienen siempre la respuesta y la cura.

Nuestra sociedad no alienta, no reconoce y no respeta nuestra capacidad para sanar o mantenernos sanas sin ayuda externa constante.

Ellos inventaron la píldora anticonceptiva que es lo más irrespetuoso que existe sobre el cuerpo femenino (ver capítulo 6) y nosotras lo acogimos con los brazos abiertos y adulación. Durante años se han realizado histerectomías innecesarias (total ¿para qué sirve un útero después de la menopausia?) y no pasa nada. Ellos son los que saben, nosotras obedecemos.

3. EL CUERPO FEMENINO ES ANORMAL: La visión judeocristina del mundo que inspira la civilización occidental considera que el cuerpo y la sexualidad femeninos, representados en Eva, son responsables de la caída de la humanidad. Así que no es precisamente admiración y respeto lo que se siente por nuestro cuerpo.

La mayoría de mujeres interiorizamos que hay algo fundamentalmente mal en nuestro físico, si no ¿cómo se explican los elevadísimos índices de cirugía estética?

La sociedad nos ha empujado a creer que nuestros olores y formas naturales son inaceptables, que nuestro cuerpo es esencialmente sucio y que necesitamos vigilancia constante de limpieza y frescura para no ofender.

Contemos los anuncios de la TV para reparar el cuerpo femenino: desde la crema talones-agrietados hasta las canas, pasando por celulitis, piel de naranja, higiene intima, compresas, desodorante, miles de perfumes, clínicas estéticas, etc.

Esta denigración de nuestro cuerpo ha sido la causa de que muchas mujeres tengan miedo de sus procesos naturales o sientan repugnancia por ellos.

Y este miedo ha favorecido la sumisión a la medicalización de las funciones naturales como menstruación, menopausia, parto, lactancia y crianza.

El ciclo menstrual se relaciona con la vergüenza y con la naturaleza oscura e incontrolable de las mujeres. Y el tabú asociado al ciclo menstrual sigue vigente hoy. No por tener MP3 y blackberry nos hemos librado de los prejuicios históricos.

Aparte de la violencia y el miedo, nada ha sido tan eficaz para relegar a la mujeres a un lugar secundario que la degradación del ciclo menstrual.

Toda nuestra sociedad (materialista y mecanicista) nos mantiene desconectadas de lo que sabemos y sentimos.

Desatendemos nuestros sentimientos, intuición, espiritualidad y todas las experiencias de la vida que no se pueden juzgar con la parte racional de la mente o medir con los 5 sentidos, pero nuestra guía interior nos llega primero a través de nuestros sentimientos y la sabiduría de nuestro cuerpo, no a través de la compresión intelectual.



Y ese es precisamente el poder de la menstruación.

Hay una estrecha relación entre el psiquismo de la mujer y el funcionamiento de los ovarios a través de las hormonas:

Antes de la ovulación estamos extrovertidas y animadas
Durante la ovulación estamos muy receptivas hacia los demás
Después de la ovulación estamos mas introvertidas y reflexivas
En la antigüedad, fue a través de este estado alterado de conciencia de la menstruación que las chamanas, curanderas y más adelante las sacerdotisas, aportaron al mundo y a su propia comunidad su energía, claridad y conexión con lo divino. El papel de estas mujeres fue fuertemente reprimido por la religión patriarcal pero perduró de forma clandestina en la adivina o BRUJA como el último vinculo con las primitivas religiones matriarcales. Lo que en el pasado se llamaba brujería era muchas veces capacidades femeninas: entender el propio cuerpo y responsabilizarnos de la salud.



Ya sabemos los que pasó con las brujas verdaderas, falsas y casi todo lo que llevaba faldas durante la oscura e inflamable Edad Media y en la historia posterior.

Y con el paso del tiempo la sociedad negó la existencia de estos poderes femeninos. Pero negar no significa que no existan. Y ahora veremos cuáles son y cómo usarlos.

Germaine Greer, importantísima autora feminista con 2 famosos libros: “La mujer eunuco” y “La mujer completa” se queja y denuncia lo siguiente:

“Nada se ha hecho para dotar de atractivo o de respeto al ciclo menstrual”

“Ni las mujeres ni los hombres tienen una actitud positiva hacia la menstruación”

“Si te crees emancipada intenta probar cómo sabe tu sangre menstrual, si la idea te repugna te queda un largo camino por recorrer, nena.”

“Si las mujeres consideran su propio fluido menstrual como una porquería, señal de que estamos muy lejos de sentir el orgullo por nuestra naturaleza femenina que es una condición necesaria para la liberación. Y señal de que la regla sigue apareciendo como una excreción, como la licuación de la abyección”
Como a peor no podemos ir respecto a la menstruación, vamos ahora a analizar su verdadero significado y propiedades."

LA VERDAD SOBRE EL CICLO MENSTRUAL Y SUS DONES

“Nuestro ciclo es como el ciclo de una planta. Existe un tiempo indicado para plantar las semillas, para crecer y desarrollar ramas, para soltar semillas y para volver a nuestras raíces”
Annie Shaw



El ciclo menstrual es lo más básico y terrenal que tenemos. La sangre es nuestra conexión con lo femenino arquetípico.

La menstruacción es un prodigio biológico con efectos muy beneficiosos sobre el cuerpo femenino. La ciencia está descubriendo que los efectos del ciclo menstrual en el organismo son más y mejores de lo que creían.

La regla también actúa como un sistema de autolimpieza mensual que protege el aparato genital femenino, y los estrógenos refuerzan las defensas del organismo, aumentando la resistencia de los glóbulos blancos.

Pero a nivel psicológico, el ciclo menstrual rige la INFORMACION Y LA CREATIVIDAD. Recibimos y procesamos información de forma diferente en las distintas fases del ciclo.

Hay 2 formas de explicar los ciclos y el tipo de psiquismo asociado. La simplificada en 2 fases de la Dra. Northrup en “Cuerpo de mujer, sabiduría de mujer” y la completa de 4 fases de Miranda Gray en “Luna roja”. Explicaré los dos.


EXPLICACIÓN BASADA EN LA DRA. NORTHRUP

Estas son las fases y características del ciclo menstrual:

1. FASE FOLICULAR: desde el comienzo de la menstruación hasta la ovulación

Estamos madurando un óvulo y de forma simbólica preparándonos para crear otro ser.
La ovulación que ocurre a mitad del ciclo viene acompañada por un brusco aumento de la hormona foliculoestimulante y la hormona luteinizante. El aumento del nivel de estrógeno que acompaña esto se ha relacionado con un aumento de la actividad del hemisferio cerebral izquierdo y una disminución en el derecho.
En el plano de la iniciativa e ideas esta 1ª parte del ciclo es una muy buena época para iniciar nuevos proyectos. porque la ovulación representa la creatividad en su estado máximo.

Muchas mujeres se encuentran aquí en la cima de expresión en el mundo exterior: energía extrovertida y animada, llenas de entusiasmo e ideas: somos fértiles en todos los sentidos.
En muchas mujeres el deseo sexual está en su apogeo a mitad del ciclo y nuestro cuerpo secreta en el aire hormonas que se asocian al atractivo sexual. Nuestra sociedad aplaude esto y nosotras lo interiorizamos como buena fase del ciclo. En el libro se narra el caso de una camarera que recibe más propinas a mitad de su ciclo, cerca de la ovulación.

2. FASE LÚTEA: desde la ovulación hasta el comienzo de la menstruación

Las semanas siguientes a la ovulación que conducen a la menstruación, es un período de evaluación y reflexión en que se contempla lo que se ha creado y los aspectos negativos o difíciles de nuestra vida que necesitamos cambiar o modificar.
Hay mujeres que en este momento prefieren hacer tareas rutinarias que no requieren pensamiento expansivo.



En esta fase nos retiramos de la actividad exterior de modo natural y nos dedicamos más a la reflexión. La sociedad no se muestra tan entusiasta como con la fase folicular porque necesitamos tiempo para descansar y alejarnos de nuestros quehaceres diarios, algo mal visto. Y por eso juzgamos malas e improductivas la energía, emociones e introversión premenstruales.
La mente y el cuerpo se ralentizan de algún modo y replegamos la energía hacia dentro por efecto de varias hormonas sobre todo la progesterona que prepara el útero por dentro para recibir el óvulo fecundado. Este aumento de la progesterona hace que nuestra temperatura corporal suba un grado.
No hay que tener miedo a este periodo de oscuridad en que la fuerza vital y el ánimo disminuyen. Es tan necesario como el otoño para que la naturaleza resurja en primavera.



La fase lútea es cuando las mujeres están más sintonizadas con su saber interior, con lo que no funciona en su vida y con la capacidad de transformarlo. Está demostrado que los sueños son más frecuentes y mas gráficos durante la fases pre-menstrual y menstrual porque hay más acceso al inconsciente.
También hay evidencias científicas de que antes de la menstruación se activa más el hemisferio cerebral derecho, el relacionado con la intuición, y disminuye la actividad del izquierdo.
Todos los sentidos se agudizan: los sonidos, los sabores, los olores, las sensaciones.
Muchas mujeres tienen sus mejores ideas antes de la menstruación.
Muchas mujeres se sienten más conectadas con su dolor personal y el dolor del mundo y somos mas propensas a llorar.
Antiguamente se respetaba muchísimo la capacidad para profetizar y comunicarse con los espíritus en esta fase.
En muchas sociedades primitivas la mujer post-menstrual ostentaba el rango de adivina y hechicera.
En la asamblea lunar de los indios americanos las mujeres que menstruaban se reunían para soñar juntas y salían inspiradas e inspiradoras para los demás.


EXPLICACIÓN BASADA EN MIRANDA GRAY

Profundizando más en el tema, aparecen personajes nuevos como la luna y los arquetipos femeninos.

En las leyendas, mitología y cuentos populares se establece un paralelismo entre el ciclo de las estaciones, la luna y las energías que experimenta la mujer en el ciclo menstrual.

El ciclo menstrual femenino es un proceso creativo. “Luna Roja”, es un sistema creado por Miranda Gray que ofrece a las mujeres una visión de la naturaleza cíclica. Ayuda a comprender las energías del ciclo menstrual y a utilizarlas a nivel creativo, sexual y espiritual. Enseña a vivir en armonía con las distintas fases del ciclo menstrual.

“Luna Roja” ofrece a la mujer moderna una profunda y clarificadora visión de su naturaleza cíclica y de los dones y posibilidades que encierra el ciclo menstrual. Es ésta una obra desmitificadora, una auténtica 'guía de los ritmos femeninos', que enseña a:

Comprender las energías del ciclo menstrual, cómo interaccionar con ellas y cómo emplearlas a nivel creativo, sexual y espiritual.

Vivir en armonía con las distintas fases de la 'regla'.

Valorar esta ineludible realidad femenina y las potencialidades que encierra, desterrando el tabú de que ha sido objeto durante tantos siglos.

Redescubrir la profunda visión conservada en diversas tradiciones ancestrales.



En el pasado se reconocía que la naturaleza femenina, tan similar a la de la luna, no hacía más que demostrar el vínculo que unía a la mujer con el universo; a través de su cuerpo ella experimentaba de forma intuitiva la conexión entre todas las formas de vida, la unión entre lo divino y la creación, y el ciclo de la vida, la muerte y el renacimiento.

Las sociedad moderna carece de esta comprensión, y resulta difícil asimilarla a menos que las mujeres experimenten directamente a través de sus cuerpos, y los hombres a través de las mujeres. Hoy en día ya no hay sitio para las danzas extáticas, la espiritualidad expresada a través de la sexualidad y el cuerpo, ni para la voz de la profecía o el oráculo; la sociedad se ha "desconectado" no sólo de los poderes de lo femenino y de la inspiración y la empatía que facilitan el crecimiento y la comprensión, sino también de la necesidad de eliminar el miedo a la muerte, así como de la unidad que conforman la mente, el cuerpo, la creación y lo divino.



El ciclo femenino -y en particular la menstruación, como su manifestación física- ha sido y sigue siendo objeto de tabú social desde tiempos remotos.
La sangre, la capacidad reproductora, las múltiples energías asociadas a un proceso orgánico y rítmico... son recordatorios perennes del misterio que es la vida y del asombroso poder creador que pulsa en la intimidad de toda mujer. Sin embargo, y a pesar del desarrollo cultural y científico, nuestra cultura es todavía hoy incapaz de guiar y proporcionar a las mujeres en edad fértil las estructuras y los conceptos que les permitirían afrontar los sentimientos y las experiencias inherentes a su naturaleza cíclica, a la par que reconocer y emplear las posibilidades que tal naturaleza encierra.


Miranda Gray aborda todos los aspectos de este fenómeno intrínsecamente femenino, nos acerca a poderosos e influyentes arquetipos y nos ayuda a tomar conciencia de los dones que subyacen a esa realidad tan cotidiana para las mujeres.

La autora, Miranda Gray, es ilustradora científica y autora de diversas obras relacionadas con la autoayuda, la tradición popular y la espiritualidad.
Su amplio conocimiento de la tradición artúrica y celta le ha llevado a adquirir una profunda comprensión de la creatividad femenina y de la relación que guarda con el ciclo menstrual.


Fragmentos de “Luna Roja”:

“En las leyendas y la mitología, las energías que experimenta la mujer durante su ciclo menstrual se describían como un ritmo de cuatro etapas que reflejaba las fases de la luna. La Virgen y la luna creciente representaban la fase que se extiende desde el fin del “sangrado” hasta el comienzo de la ovulación: las energías, en este caso, tienen similitud con las de la maternidad pues ambas cuentan con la capacidad y la fuerza para criar, sustentar y fortalecer; la creatividad interna en la madre surge para crear una nueva vida.



La disminución de la luz durante la fase menguante reflejaba la reducción de la energía física desde la ovulación hasta la menstruación, así como el aumento de la sexualidad, la creatividad, la magia, las energías destructivas internas y la conciencia. En las historias populares son las brujas, las hechiceras, las “vampiresas”, las seductoras y las malvadas madrastras quienes personifican estas energías. En este libro hemos escogido la palabra “hechicera” para dar nombre a esta fase, pues hace referencia a una mujer de cualquier edad menstrual que cuenta con el poder de la magia y del sexo tanto para crear como para destruir (…) en esta fase se liberan las energías creativas que podrían haberse destinado a dar vida a un hijo, sólo que esta vez se desarrollan en el mundo exterior.




La luna nueva y la Bruja Negra representaban la fase de la menstruación, en la que la Bruja encarnaba a la mujer que retiraba sus energías físicas del mundo terrenal para centrar su conciencia en el mundo espiritual. En esta etapa las energías creativas que se gestan en la mente pueden generar tanto una vida como hijas-ideas.

Si comparamos el ciclo lunar con el femenino, las fases creciente y menguante son momentos de cambio y equivalen a las etapas de la Virgen y la Hechicera, en tanto que la luna llena y la luna nueva son períodos de equilibrio, al igual que las fases de la Madre y la Bruja. En este sentido, la fase de la Virgen es un ascenso hacia la claridad del aspecto exterior de la naturaleza femenina, mientras que la Hechicera es un descenso hacia la oscuridad en su aspecto interior. Por su parte, la fase de la Madre nivela la expresión externa de la energía con la expresión interna del amor, y la de la Bruja equilibra la calma del mundo interior con la gestación de un nuevo ciclo.”




“(…) a pesar de que el ciclo se divide en cuatro fases, el límite entre éstas no es rígido; en realidad cada una de ellas se funde de forma natural con la siguiente gracias al flujo de energías que caracteriza al ciclo menstrual la mágica transformación de mujeres en animales, de ancianas en jóvenes doncellas, de doncellas en mujeres y de mujeres en vampiresas son un ejemplo del modo en que los cuentos populares expresaban esta idea. No obstante, aunque el ritmo lunar y sus cuatro etapas constituyen la imagen más sencilla del ciclo menstrual, algunas mujeres pueden descubrir que los suyos se expresan de un modo más complicado.

Las energías de la Virgen

Son dinámicas y radiantes, dado que la fase de la Virgen es el momento en que cada mujer se libera de su ciclo procreativo y se centra sólo en su propio ser: tiene confianza en sí misma, es sociable y se siente capaz de afrontar todos los desafíos de la vida mundana; es firme, ambiciosa y tiene un gran poder de concentración, con lo que puede prosperar en su trabajo; además, este es un momento idóneo para encarar nuevos proyectos. Con su fresca y renovada sexualidad esta fase se convierte en un período de diversión y júbilo para ella, hasta el punto que su aspecto externo expresa el entusiasmo que siente por el mundo ¡y sus ansias de vivirlo a tope!

Las energías de la Madre

Aparecen cerca del momento de la ovulación y también son radiantes, aunque en una frecuencia diferente de las de la Virgen. La fase de la Madre es una etapa en la que la mujer empieza a prepararse para la abnegación que caracteriza a la maternidad, y en consecuencia pierde el interés por su propia persona. Así, sus deseos y necesidades se le hacen menos importantes, se vuelve protectora e irradia amor y armonía, en tanto que su sexualidad se manifiesta como una experiencia de amor profundo que desea compartir. Tiene la capacidad de asumir responsabilidades, de “alimentar” y dar vida a nuevos proyectos e ideas y también de sustentar aquellos que ya existen. Sus energías son tan potentes que tal vez descubra que atrae a los demás como si fuese un imán, y que acudirán a ella en busca de ayuda y apoyo.



Las energías de la Hechicera

Surgen cuando el óvulo ya ha sido liberado pero no ha habido fertilización. La mujer comienza entonces a percibir el lado interno de su naturaleza; toma conciencia de los misterios de la misma, su sexualidad se hace más poderosa y se percata de su propia magia y poder, así como del efecto de estos atributos pueden tener sobre los hombres. Si sus energías se enardecen, se manifestarán en una creatividad tremenda y desenfrenada. Luego, a medida que se acerque a la fase de la Bruja, es posible que la mujer se vuelva intolerante ante lo mundano y disminuya su concentración, pero por otro lado crecerán su intuición y su capacidad para soñar.

Las energías de la Bruja

Surgen durante la menstruación y hacen que la conciencia alcance un nivel aún más profundo que el que tenía durante la fase de la Hechicera; se vuelven intuitivas y dejan de buscar la expresión externa, excepto durante la aparición ocasional de una visión extática. La mujer, que en esta etapa experimenta una mayor interacción con sus sueños, se siente parte de la naturaleza y percibe intuitivamente su configuración esencial.

La fase de la Bruja es una etapa de introspección, el momento de alejarse de lo mundano, dormir, soñar, expresar la magia con delicadeza y frenar el ritmo de vida; es la oportunidad de buscar solución a los problemas y de aprender a aceptar el pasado y la incertidumbre del futuro. En esta fase la mujer se abre a las energías y los instintos más primitivos, y su sexualidad –que florece como cuando hay luna llena- ahora le permite elevar su espiritualidad en vez de conducir sus energías hacia el mundo físico.”



“En un momento determinado, en el interior de cada mujer coinciden tanto las energías de la oscuridad como las de la luz, pues las fases no tienen límite fijo: cada una es un fluir gradual de una energía a otra. Cuando una mujer está atravesando la fase de la Virgen o la de la Hechicera posee luz y oscuridad en cantidades variables, mientras que en las etapas de la Madre y la Bruja alberga la semilla de la menstruación y la ovulación en su propio cuerpo. El proceso hacia la menstruación comienza cuando se libera el óvulo durante la fase de la Madre, y en el momento en que se desprende el tejido que reviste el interior del útero –fase de la Bruja- se inicia la maduración de la cédula reproductora femenina para la siguiente ovulación.”


“El Diagrama Lunar es un registro de la expresión externa de tu ciclo menstrual en lo que se refiere a emociones, salud, sexualidad y creatividad. Si ya has empezado a conocer el aspecto exterior de tu ciclo, también es necesario que comprendas cómo se manifiesta interiormente, pues debes comenzar a interactuar con tus energías



Una vez que hayas apuntado los datos relevantes de tu propio ciclo durante algunos meses, probablemente te resultará difícil clasificarlos. Por eso te recomiendo que uses el Diagrama Lunar, un recurso sencillo que te permitirá comparar los descubrimientos de cada mes y resumirlos; el resultado es una guía general de tu propio ciclo menstrual.

Empieza por dibujar un gran círculo; divide la circunferencia en tantas partes como días tenga tu ciclo menstrual, luego traza líneas que se prologuen desde estas divisiones hasta el centro del círculo. En la parte exterior marca las fechas del calendario y en el interior un número que indique el día del ciclo en que te encuentras. En los sectores que corresponda dibuja las diferentes fases de la luna.



Examina tu información diaria y apunta los siguientes detalles en forma resumida y junto al sector que corresponda (si los tienes anotados):

1-Nivel de energía: dinámico, sociable, bajo, nulo.
2-Emociones: tranquilidad, armonía, enfado, irritabilidad, afecto, animosidad, instintos maternales, intuición, facultades psíquicas.
3-Salud: fatiga, calidad de sueño, “antojo” de determinados alimentos, cambios físicos.
4-Sexualidad: activa, pasiva, erótica, sensual, exigente, agresiva, nula, cariñosa, protectora, lujuriosa.
5-Sueños: relaciones sexuales; interacción con hombres y mujeres; aparición de colores intensos; animales; de índole menstrual y mágico; proféticos o psíquicos, y recurrentes.
6- Manifestación externa: creatividad, actividades deportivas, confianza, capacidad organizativa, concentración, facultad para afrontar diferentes situaciones, forma de vestir.

Quizá todos estos datos te parezcan demasiados para el diagrama, pero puedes simplificarlos si agrupas aquellos días que hayan sido similares. Si haces lo mismo con cada uno de los meses, empezarás a observar que aparecen determinados patrones, los cuales, aunque sus correspondencias mutuas no sean exactas, te permitirán descubrir que en ciertos días del mes experimentas energías o cambios físicos similares, y que los temas de tus sueños son parecidos dependiendo de la fase de tu ciclo. Resume estas correspondencias en un único Diagrama Lunar. Si te resulta difícil encontrar la relación que existe entre todos los diagramas que has hecho, sigue tomando notas durante algunos meses más.”

“Desde siempre la sociedad ha restringido la personalidad de la mujer, pues la analiza desde un punto de vista masculino y lineal. El Diagrama Lunar que se forma a partir de las experiencias personales de una mujer con el transcurso de los meses no sólo enfatiza su naturaleza cíclica, sino que también le permite comprender ese concepto intelectualmente y sentir por sí misma la veracidad y validez de los ritmos de su vida. Ya que la expresión natural de sus naturaleza cíclica ha sido reprimida por la sociedad, es necesario que el ciclo de cada mujer adoptará una configuración diferente; de todos modos, las ideas y conceptos que aquí se presentan son simplemente una guía destinada a la interpretación general y la interacción.”

“Hasta hace poco tiempo sólo las clases sociales más altas y las personas adineradas tenían acceso a la educación y sabían leer y escribir. En muchas partes del mundo aún sigue siendo así; por eso dentro de muchas de estas culturas "orales", el conocimiento, la sabiduría y el aprendizaje se transmitían de tribu en tribu y de generación en generación a través de historias que enseñaban a la comunidad cuál era la estructura del universo, cómo eran sus energías, qué dioses y diosas influían en la vida del pueblo, cuáles eran los ritmos de la Tierra y qué lugar ocupaba la humanidad en ella.

Los narradores de cuentos se valían de imágenes y símbolos que permanecían en el subconsciente de los oyentes aún después de haber finalizado la historia, y así conseguían que los integrasen a su vida cotidiana. En general recurrían a un arquetipo o personaje representativo, que es una imagen universal que refleja ciertas verdades ante las cuales respondemos a nivel interno. Aún en nuestros días, los medios actuales de narración de historias se valen de arquetipos: los encontramos en las películas, los libros y las obras de teatro, tanto si están dirigidos a un público adulto como a los niños.

En las sociedades primitivas el arquetipo era un instrumento de aprendizaje, pues a través de la identificación con esa imagen el oyente experimentaba una comprensión interna, conciente o inconciente, y a través de la cual podía despertar y expresar las energías arquetípicas.

Uno de los más frecuentes en muchas culturas era el de la fuerza femenina universal -la "Gran Diosa"-, representado por tres figuras de mujeres y diosas que simbolizaban el ciclo vital femenino: la Doncella, la Madre y la Bruja.”




“Con la invasión femenina del mundo masculino, el avance de la mujer ha sido netamente intelectual: le falta la comprensión intuitiva y la creatividad que conforman la base de su naturaleza. Por si esto fuera poco, no cuenta con arquetipos ni tradiciones que le indiquen lo que necesita ni cuáles son sus aptitudes en sus nuevas experiencias y áreas de trabajo, por lo que resulta de vital importancia que sea ella quien ponga remedio a esta carencia y experimente un crecimiento y reconocimiento dentro de la sociedad que abarque todos los aspectos de su naturaleza.

Es fundamental que cada mujer desarrolle su propia comprensión y disponga de una guía en su transición entre al infancia y la madurez; la sociedad moderna ha perdido muchos de sus rituales de transición pero, si pretende volver a dar al ciclo menstrual el lugar que le corresponde, es necesario que restablezca las ceremonias de iniciación a la pubertad, las relacionadas con las estaciones y la luna, y las de transformación ante la muerte y el nacimiento.

Para restablecer la tradición femenina es preciso que se escriban nuevas historias y mitos, que se canten nuevas canciones y se pinten nuevos arquetipos; este despertar conectará a la mujer con la totalidad de su naturaleza y quedará grabado en la conciencia de las generaciones futuras para que nunca más se pierda.
Y lo que es más importante: generará un lugar en la sociedad para las chamanas, las adivinas, las sacerdotisas del oráculo, las brujas, las curanderas y las místicas.”


En conclusión, la menstruación no es una molestia intrascendente con el que nuestro sistema endocrino nos castiga cada mes.
Tiene su función y además nos regala dones e información que nosotras, mujeres modernas tan estresadas, no sabemos ni ver ni aprovechar. Pero podemos cambiar nuestra percepción y enriquecernos.